El proceso

Así nace una vela Flamma

De botella vacía a vela, en siete pasos. Sin moldes y sin prisa, enseñando de dónde viene el vidrio en vez de disimularlo.

Te contamos los siete pasos, sin adornos.

Botella recuperada, base cortada y vela terminada
01

La selección

Recogemos botellas de vino tras su primera vida y elegimos las que tienen buen vidrio y carácter. No es un descarte: es el punto de partida.

02

El corte

Separamos la mitad inferior de la botella con un corte limpio y preciso. Cada tipo de vidrio se comporta distinto, así que el corte se ajusta pieza a pieza.

03

El pulido y la picada

Rebajamos y pulimos el borde a mano hasta dejarlo suave y seguro, con tacto de cristalería. Y conservamos la picada, el culo de botella, a la vista: es la firma de que el vidrio se rescató.

04

La base nivelada

Por dentro, el culo de la botella es hondo. Si dejáramos ese hueco, la cera se acumularía desigual y la última capa ardería mal, casi líquida. Por eso cortamos un poco más arriba y nivelamos el interior con una base de escayola: por fuera se sigue viendo la picada —nuestra firma—, y por dentro queda un fondo plano para que la vela arda limpia y pareja hasta el final.

05

La mecha

Colocamos una mecha de algodón, centrada y a la altura justa, para una llama estable y una combustión pareja de principio a fin.

06

La cera

Vertimos cera 100% vegetal a la temperatura exacta, para una superficie limpia, una difusión aromática cuidada y una vida larga de la vela.

07

La fragancia

Perfumamos cada vela con fragancias seleccionadas: florales, amaderadas, cítricas o especiadas, para que cada aroma cuente algo. O la dejamos sin aroma, en su versión Original.

Como el vidrio manda, no hay dos iguales

El tono del verde, la altura, el grosor de la picada: cambia de una botella a otra. Por eso ninguna sale idéntica. Perfectos imperfectos.

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